Posts Tagged ‘viatges’

En ruta (IV)

Miércoles, Febrero 17th, 2016

Irina

Hace dos veranos decidí que quería viajar solo. Además, me apetecía hacerlo en tren. No quería volar y aparecer en otro lugar sin más.
Después de valorar distancia y presupuesto, me pareció que el tren nocturno que une Madrid con Lisboa era una buena opción. Rápidamente me puse a buscar información sobre la ciudad. Me compré guías tirísticas y, a través de la red, recopilé teléfonos y direcciones de interés. Finalmente, salí un martes solo con la reserva de una noche en Lisboa y después, ya decidiría…
Como el hostel donde aterricé me gustaba, decidí quedarme hasta que pasara algo y ese algo pasó. Estaba sentado en la terraza jugando a las cartas con unos surferos australianos, cuando un portazo seguido de unas pisadas fuertes y algo torpes nos interrumpieron. Todos miramos hacia la entrada. Una chica grande y corpulenta acababa de llegar. La chica se sonrojó aun más de lo que ya estaba por el sol. Su piel era blanca. Toda ella tenía el brillo del sudor, se notaba que venía de pasar el día de excursión y venía acalorada y muy cansada. Buscó con la mirada un lugar donde sentarse y dejar de ser el centro de atención. Mi sonrisa y el hueco vacío a mi lado la hicieron decidir sentarse a mi derecha.
Mientras bebía agua y recuperaba la respiración, no dejaba de hablar entre jadeos, preguntaba, explicaba su día… Yo abandoné definitivamente mi partida de cartas. Me sentí atrapado por la vorágine de actitud vital de la chica. Además, mi inglés era muy malo y apenas me entendía con los australianos. A los minutos supe que el nombre de la chica era Irina y que era alemana. Viajaba sola y le gustaba hacer fotos. Yo miraba como se movían sus labios que todavía tenían gotas de sudor acumulado. Rápidamente captó que yo no me sentía cómodo con el idioma y se puso a hablar en castellano; con errores, claro, pero se hacía entender muy bien. Entonces, junto a ella, tuve una sensación extraña. Sentí por un momento que podía dejar de fingir que sabía inglés, dejar de ser otro y ser yo mismo con alguien. No había sido consciente de eso hasta que llegó Irina.
Aquella tarde seguimos comentando los lugares que habíamos visitado. Ella en un día había visto casi lo mismo que yo en varios, era hiperactiva. Tenía ese gesto nervioso de mover la pierna derecha arriba y abajo, como si fuera a salir corriendo en cualquier momento. Hablando de la ciudad, descubrimos que teníamos una visión del mundo parecida. Mientras, ella comía y bebía con ansia. A mí me hacían gracia sus movimientos torpes pero a la vez decididos. Sus gafas pequeñas y redondas se le resbalaban a causa de las gotas de sudor que le caían por la nariz.
Entonces Irina, poniéndose las gafas bien, dijo:
-Tienes que ir a Oporto, te gustará.
-¿Puedo ir en tren?- dije yo.
-Claro.
A la mañana siguiente me despedí de Irina. Ella seguía su viaje al sur, hacia las playas. Yo me fui al norte, a Oporto.
Ahora, de mi viaje a Portugal siempre recuerdo Oporto, y a Irina le doy las gracias por recomendármelo. En un viaje sin planes, ella fue mi brújula. En Oporto pasé 7 días y 7 noches, fui feliz, me enamoré de la ciudad y de una mujer, María… Pero esa es otra historia.

. . .

Text: Dani Iranzo

En ruta (III)

Viernes, Febrero 12th, 2016

Combarro

En agosto me fui de vacaciones con mi pareja a Galicia. La conocemos bastante bien, pero nunca es suficiente. Estábamos alojados en un hotel frente al puerto de Vigo. Podíamos hacer cualquier cosa desde este punto. Por ejemplo, tomar un barco para visitar las Islas Cíes, desde el cual se vislumbraban envueltas en una niebla espesa, con un barco de carga a lo lejos, asemejándose a un fotograma de película. ¡Agosto y otro año más sin poderme bañar en aguas del Atlántico! Por la noche podíamos ir a pasear por el Mercado de la Piedra y vivir un ambiente nocturno muy agradable.
Durante el día planeábamos una ruta a pueblos y ciudades desconocidas. El primer día llegamos hasta Lugo para recorrer los Cañones del río Sil, afluente del Miño, y todos los pequeños pueblos que lo acompañan, con sus muchas bodegas y sus laderas llenas de viñas que cuelgan de arriba abajo o de abajo arriba, ya que teníamos que subir por unas escaleritas imposibles. ¡Nunca más voy a quejarme de las marjades de mi pueblo en la Tramuntana! Navegamos por el río, entre sus cañones y sus viñas. Fue un viaje no sé si inenarrable, peró sí totalmente desconocido. Los demás días los repartimos entre Orense, Ribadavia -ciudad medieval y tierra del albariño-, Cambados, Carril -para ver llegar las barcas de los pescadores con sus grandes nasas llenas de pulpos-, Villagarcía de Arosa y tantos otros pueblos de esta zona pegados a su ría. También recorrimos Vigo en bus para conocerlo de otra manera. Subimos al Monte O Castro y al Pazo de Castrelos. Desde todos los lugares se llega al mar. Sin ser una ciudad maravillosa, ha mejorado mucho desde la última vez que la visité y, aunque esté superpoblada, tiene un encanto marino muy especial. Se le toma el aire, los olores, los sonidos del mar o de la lluvia fina pero, sobre todo, el continuo chillido de las gaviotas.
Al fin llegó el último pueblo que conocimos, Combarro, ya en el último día de viaje, antes de llegar a Santiago para tomar nuestro avión de regreso a la isla. No lo había visto ni el mapa. Lo descubrí en un periódico del hotel que contaba una travesía de veleros que pernoctaba en este pequeño pueblo escondido entre rías y Pontevedra. Había una foto. Investigué, pero al final tuve que pedir información. Un pueblo cuyos hórreos estaban en el mar. Increíble.

Último día. Equipaje preparado. Adiós Vigo. Dirección Pontevedra-Poío-Combarro-Santiago-Palma.

En Combarro hice un montón de fotos, pero es muy difícil explicar lo que ves más allá de una instantánea. Explicar lo que has sentido, las vibraciones de colores, subidas y bajadas. Mi máquina no daba abasto a todo lo que quería captar. Decidimos quedarnos a comer en uno de estos hórreos colgados sobre el mar. Los callejones en los que no podían pasar más de dos personas, el aire salobre del mar, las barcas varadas sobre la arena oscura, gente subiendo y bajando escaleras, caminos, la playa,…y no sé qué más. Acabé con la batería de la cámara fotográfica. Nos sentamos a comer: fabes con almejas -un plato típico- y zamburiñas -para probar-. Lo regamos con una botella de Ribeiro. Durante el café, miré otra vez hacia el mar. Se movía despacio, venía sin prisa y sin pausa, un fenómeno natural desconocido para mí. Subía la marea intensa y, casi sin darnos cuenta, ya había llegado a media altura de de las columnas que sustentan estos hórreos, tan viejos como la vida de este pueblo. Había desaparecido la arena de la playa y las barcas, que antes estaban varadas, iban subiendo a flote como si se hubiesen perdido buscando un faro en la noche. Fue una experiencia tan fascinante para mis sentidos, que me veo incapaz de escribir todas mis sensaciones. Solo puedo mostrar una foto.

. . .

Text: Marga Ferrer

En ruta (II)

Miércoles, Febrero 10th, 2016

Manuscrito 512

Apreciado Sr. Ridgewell,

Permítame dedicarle unas líneas en honor a su breve pero intensa vida literaria. Créame si le digo que mi admiración por Bélgica se acrecienta aunque sólo sea por la sensibilidad que un día un brillante escritor demostró por causas como las que Usted defiende.

Sr. Ridgewell: Usted es sencillamente auténtico. A estas alturas de la historia sonroja o, cuando menos, sorprende enormemente, no poder encontrar ejemplos tan egregios como la decisión que Usted adoptó en su día al retirarse a vivir, con todo el brillo de su personalidad, al remoto mundo de los arumbayas, en la América del Sur más profunda.

El mundo moderno a menudo adolece de un exasperante aburrimiento. Avanza pero no avanza. Crece pero hastía. Usted es sin ningún género de duda uno de los más grandes exploradores que ha conocido nuestra vieja Europa.

La manera en que Usted, Sr. Ridgewell, ha defendido a los “buenos salvajes” de las tribus aborígenes americanas, ha dejado sin argumentos y ha combatido la -a menudo- falsa labor civilizadora de algunos colonos. Lo más impresionante es que lo haya llegado a materializar sin perder un ápice, como digo, de su autenticidad. Les enseñaba a jugar al golf (no se entienda esto como algo snob sino como un reflejo de la sana cultura heredada) y, sobre todo, les inundaba de espíritu crítico frente al poder absoluto de los magos y los más abyectos jefes de la tribu. Usted es el más simpático ejemplo de lo que representa una sociedad verdaderamente rica y librepensadora.

En la época más reciente he podido averiguar que hasta las películas de Indiana Jones o los libros del mismísimo Conan Doyle se inspiraron en sus aventuras. También Jurassic Park recurrió a su apasionante historia. La vibrante experiencia de un explorador que llegó de Inglaterra, luego desaparecido en algún lugar recóndito de la Bolivia o el Brasil actual, me ha animado a profundizar sobre la expedición de Fawcett, coronel del regimiento de artillería británico, que un día abandonó Londres (y nuestro mundo) con destino a las salvajes tierras del Mato Grosso, en la Amazonia brasileña, en busca de una ciudad ciclópea. El llamado “Manuscrito 512” constituyó su esperanzadora hoja de ruta, una suerte de expedición mítica al encuentro de una prometedora mina y una ciudad abandonada hacia 1743.

Sr. Ridgewell, sus largas barbas y sus ropas andrajosas y harapientas apuntalan aún más su extraordinaria calidad humana, todo un ejemplo para la Humanidad. Su deliciosa educación, su pulido inglés, sus buenas maneras jugando al golf o disparando con elegancia la cerbatana arumbaya, demuestran donde está la verdadera civilización a preservar. El concepto del “buen salvaje” me recuerda la primigenia “fe del carbonero”, realidades que Usted nos refresca y que nos permiten despertar del letargo en el que nos sumerge este mundo tan moderno y tan perfecto.

No sé si acierto al decir Ridgewell o, más bien, debería mencionar a su alter ego Percival Harrison Fawcett. Sea como fuere, no puedo más que agradecer al bruselense Hergé su genialidad literaria al hacerme feliz creando un microcosmos tan fascinante y maravilloso como es el de la saga que inició Le Petit Vingtième. Con él he viajado desde niño dando puerto a mis ensoñaciones y, en muchos de los países allí evocados, siempre he podido encontrar, con gran ilusión, la huella indeleble de mi estimado Tintín.

Siga fiel a Usted mismo allá donde esté.

Con gran estima,

Fernando Cusatti

. . .

Text: Fernando Cusatti

En ruta (I)

Lunes, Febrero 8th, 2016

Al llarg dels darrers tres mesos, el Centre d’Art i Paisatge Camp Lledó ha participat a un taller de narrativa de viatges, organitzat per la llibreria Literanta i impartit pel periodista Alejandro Carey. El viatge és un dels temes freqüents a les pàgines d’aquest blog, ja sigui en forma de crònica o de ruta artística i literària. És per això que ens ha semblat una bona idea publicar una selecció de les consignes, que a manera d’exercicis, s’han anat escrivint durant el taller.La llengua vehicular del curs ha estat el castellà, per la qual cosa els textos estan escrits en aquesta llengua.

El rostro de Dahau

“Puede que no debamos comprender, porque comprender es casi justificar. Si comprender es imposible, conocer es necesario. Todo el mundo debe saber y recordar”. PRIMO LEVI, Si esto es un hombre.

Le conocí en uno de mis viajes a Munich. Cada año, durante la semana blanca tenía una cita con la ciudad. Era un placer volar a un lugar que podía ir redescubriendo con la libertad que suponía prescindir de planos y guías.

Mi recuerdo se entremezcla con el ritmo de la música klezmer que me deja en el paladar de la memoria el regusto del dolor y de la melancolía, como si el pueblo judío llevase sobre sus espaldas todo el peso de su historia. Los judíos, al nacer, ya llevan la vejez en el alma, dijo el poeta.

Él era judío y estuvo prisionero en Dahau, el primero de los numerosos campos de concentración nazis. Desde que en 1965 se abrió al público como museo, él iba cada día y explicaba su historia a quien quisiera oírla. Aunque hubieran pasado casi cincuenta años desde la liberación del campo, a él le resultaba imposible liberarse de la experiencia que vivió tras aquellos muros ni desligarse, físicamente, de ellos.

Veo su mirada triste y cansada. Veo su rostro surcado por las arrugas. Veo sus manos -todavía fuertes- agarrarse con rabia al horno crematorio, mientrar todos sus músculos se ponían en tensión. Pero, sobre todo, oigo su voz potente y segura. Parecía imposible que pudiera salir de un cuerpo tan menudo. Una voz con la que reafirmaba la dignidad como ser humano que nadie logró arrebatarle. Hablaba un castellano rudimentario, aprendido gracias a su amistad con los presos republicanos españoles. Nunca tan pocas palabras habían expresado tanto: “Metían y removían, metían y removían, quemaban y quemaban”. Lo repetía una y otra vez.

Nunca supe su nombre. No lo mencionó. Nadie preguntó. Eso, en aquellos momentos, no importaba demasiado. Porque él, con su presencia y su voz, estaba dando rostro a todas las víctimas -no solo a las que murieron, sino también a las que lograron sobrevivir-. Después de conocerle y escucharle, aquellos millones dejaron de ser cifras para convertirse en personas que reían, sufrían, amaban, trabajaban, vivían… Auschwitz, Mauthausen, Dahau, Treblinka, Ravensbruck,… en el recuerdo, en la memoria.

. . .

Text: Maria Àngels Moyà

En ruta per Provença (III)

Martes, Septiembre 8th, 2015

A la sortida de Vence trobam la Chapelle du Rosaire, més coneguda com la capella de Matisse. L’any 1943, Henri Matisse arribà malalt a Vence, on el cuidà la seva antiga infermera i model, Monique Bourgeois, que s’havia fet monja dominica i el va convença perquè disenyàs aquesta extraordinària capella per a la comunitat. Les vidrieres –que van des del sòtil al trispol– creen un joc de llums blaus, verds i grocs que simbolitzen l’aigua, el cel, les plantes i el sol.
Molts d’artistes passaren per Saint-Paul-de-Vence: Léger, Cocteau, Matisse, Chagall, Picasso,… Anaven a dinar a La Colombe d’Or, però com no disposaven de diners pagaven amb obres. Avui dia, el restaurant (que també és hotel) disposa d’una gran col·lecció d’art. Si tens sort i t’admeten la reserva –nosaltres ho intentàrem amb dos mesos d’antelació sense aconseguir-ho– tens el privilegi de poder nedar a la piscina baix un mòbil de Calder.
L’any 1964 els col·leccionistes Aimé i Marguerite Maeght crearen al poble el que s’ha convertit en el millor museu d’art de la regió. Totes les sales estan obertes al jardí i les obres s’exibeixen de forma rotatòria. L’edifici va ser disenyat per Josep Lluís Sert i és una obra mestra en si mateix. Integra obres dels millors: un pati de Giacometti, escultures de Miró als jardins, finestres amb vidrieres de Braque i mosaics de Chagall. Aquest artista, per cert, està enterrat al cementiri de la localitat. Visitam la seva tomba i allà li retem homenatge llegint fragments de Mi vida i depositant una pedra de Mallorca sobre la llosa.
Arribam a la darrera etapa del viatge: Aix-en-Provence, la ciutat de Provença amb més reminiscències parisenques. Les terrasses de les cafeteries com Le deux Garçons –on Zola i Cézanne solien reunir-se–, les pastisseries que serveixen els famosos calissons, les fonts recobertes de molsa amb el seu rajar acompassat i lent que convida al passeig, potencien l’elegància del Cours Mirabeau. Abunden també els racons plens d’encant com la place d’Albertas i el seu mercat de flors o la botiga especialitzada en formatges de la rue des Marsellais, un paradís pels gourmets.
Realitzam una visita guiada a l’últim estudi de Cézanne, on els seus estris i l’espai mateix se salvaren de miracle gràcies a la iniciativa d’una universitat dels Estats Units; i caminam fins a Le Terrein des Peintres, un jardí amb terrasses, bastant descuidat, des d’on el pintor realitzà varis dels seus quadres de la muntanya Ste-Victoire.


Abans de partir tenim temps de conèixer la Fundació Víctor Vasarely, una agradable sorpresa per a nosaltres –que desconeixíem l’obra d’aquest artista hongarès– i una magnífica manera de despedir-nos de Provença. L’edifici, molt avanguardista, és monument artístic nacional. El visitant circula a través d’una sèrie d’hexàgons interconnectats les parets dels quals són les 44 obres exposades de Vasarely, icona de l’art òptic.
Sempre entristeix arribar al final d’un viatge, perquè tens la sensació de què tot allò que has vist tan sols ho podràs reviure en el record. Els llibres, les fotografies, els escrits i els petits objectes que has anat arreplegant al llarg del camí deixen testimoni de l’experiència viatgera. Però no és moment per a la melangia. La resta del món ens espera.

En ruta per Provença (II)

Jueves, Septiembre 3rd, 2015

Si hagués de destacar els tres punts forts d’Arlés diria que són: les restes romanes, el romànic de St-Trophime i la ruta Van Gogh.
L’any 49 a.C. Arlés eclipsà Marsella com a principal ciutat de la regió i s’inicià una època esplendorosa de la qual es conserven el teatre, l’amfiteatre i les restes d’un antic temple a la place du Forum. Al subsol d’aquesta plaça també poden visitar-se els Cryptoportiques (la cimentació de l’època romana i una sèrie de galeries excavades al segle I a.C.). Encara que a dia d’avui es tengui cura especial de tots aquests monuments, durant molt de temps varen ser una font d’aprovisionament de materials de construcció i no és difícil veure els estralls que aquest fet causà.
St-Trophime i el seu claustre són una joia del romànic. La portada reuneix tots els elements característics de l’arquitectura de l’època. L’efecte que produeix actualment als ulls de l’espectador devia ser molt diferent durant l’Edat Mitjana, perquè tot el conjunt estava policromat.
Els llocs d’Arlés que Van Gogh pintà durant la seva estada estan repartits per tota la ciutat. Cada un d’ells s’ha senyalitzat amb una placa on hi apareix una reproducció de l’obra i la seva història: Les Arènes, Le jardin public, Le café “Le Soir”, Le jardin de la maison Santé,… Ens aturam i, mentre contemplam pintura i original, llegim les cartes que l’artista escriví al seu germà explicant-li les il·lusions que perseguia, les dificultats econòmiques, les frustracions, l’intens treball diari, la rutina a l’hospital psiquiàtric,… Gran part de l’obra de Van Gogh va ser pintada a Arlés i Arlés té molt a agrair a Van Gogh, però a la ciutat no es conserva cap obra del pintor.


Arribam a Lourmarin per carreteres secundàries entre camps de vinya i arbres fruiters. A les voreres, els pagesos ofereixen els productes dels horts dels voltants. És temporada de cireres i no podem evitar la temptació. Diuen que Lourmarin és un dels pobles més macos de França. Té un castell i un mercat provençal cada divendres. Sembla una postal i li sobren turistes. Albert Camus valorà la seva bellesa quan va invertir part del premi Nobel en comprar-s’hi la casa on passà l’última etapa de la seva vida. Està situada al carrer que porta el seu nom, sense cap distintiu que la identifiqui, i no està oberta al públic. Visitam, això sí, la seva tomba i, allà, el llegim.


És impossible dissociar Grasse del perfum. L’abundància d’aigua a la zona i la idea d’un pelleter de perfumar els guants que confeccionava ho feren possible. La novel·la de Patrick Süskind mostra com varen ser els inicis d’aquesta indústria. L’experiència viscuda a la Fragonard Maison i al Museu Internacional de la Perfumeria ens demostrà que el nostre olfacte no està a l’alçada del de Jean-Baptiste Grenouille.
A mesura que ens aproximam a la costa, la fisonomia dels llocs canvia radicalment. Deixam passar Niça i Cannes per dirigir-nos a Vence i a Saint-Paul-de-Vence, dos pobles que conserven el traçat medieval dels carrers i les murades. Tan sols per aquests dos fets pagaria la pena estar-s’hi uns quants dies, però nosaltres ens hi acostam també per descobrir el rastre que hi deixaren el gran nombre d’artistes que hi arribaren durant la posguerra.
. . .
Text: Maria Àngels Moyà

En ruta per Provença (I)

Viernes, Agosto 28th, 2015

Amb un any de retard ens decidim a recorre part de Provença a la vegada que realitzam una ruta literària i artística per aquesta regió francesa que en el seu moment va ser lloc de trobada d’artistes d’arreu del món.
El nostre objectiu és començar a Avignon i arribar a Saint-Paul-de-Vence per visitar la Fundació Maeght.
Tota ruta literària necessita d’unes lectures per les quals navegar al llarg del camí. L’elecció no va ser fàcil:
• Avignon: fragments de La pujada al Mont Ventoux, de Petrarca.
• Arlés: Cartas a Theo, de Vincent Van Gogh.
• Lourmarin: El revés y el derecho, d’Albert Camus.
• Saint-Paul-de-Vence: Mi vida, de Marc Chagall.
• Grasse: El perfume, de Patrick Süskind.
A més, durant el viatge, llegim Un año en Provenza, que conta les experiències de l’autor anglès, Peter Mayle, quan decidí establir-s’hi. Una lectura fresca, irònica i divertida que retrata la idiosincràsia de les gents de la zona.
Intentam eliminar els llocs més turístics de la Costa Blava en favor de perdren’s cap a l’interior. Així i tot, les aglomeracions de viatgers són inevitables. A les places, les taules dels bars i restaurants ocupen tot l’espai i els clients dinen o sopen a menys d’un pam de distància. La cosa es complica a les entrades i sortides de les ciutats i a l’hora de trobar aparcament.
Si pens amb el viatge ideal, em resulta inevitable associar-lo amb el tren. La comoditat en front de les estretors dels avions, l’absència de llargues esperes, l’arquitectura de les estacions, el record literari dels viatgers del XIX, i la possibilitat d’anar contemplant el paisatge, fan que el ferrocarril sigui el mitjà de transport que més m’agrada. Per aquest motiu –i també per estalviar-nos quilòmetres de conducció–, els trajectes Barcelona-Avignon (a l’anada) i Aix-en-Provence-Barcelona (a la tornada) els feim amb l’AVE.


Arribam a Avignon al final de l’horabaixa. La vista de l’imponent Palau dels Papes –el palau gòtic més gran del món– ens trasllada a l’època del Gran Cisma, quan convivien dues seus papals. La inseguretat que sentien es fa palesa en la gruixa dels murs i en l’aspecte de fortalesa del conjunt. Baixam fins el riu per veure d’aprop el famós pont i les murades del segle XIV. Per arribar-hi basta seguir les riuades de gent o les botigues de records que, una devora l’altre, marquen el camí. La ciutat ens descobreix també llocs curiosos i poc freqüentats com el Quartier des Teinturiers, el barri on s’assentaren els tintorers i que conserva els canals amb quatre rodes hidràuliques. Carrers estrets amb ombres vegetals, petites places, la remor de l’aigua, contribueixen a augmentar l’encant. Però el moment més emocionant de la visita a Avignon s’amaga als jardins Rocher des Doms. Ens asseim a un banc i davant nostre s’extenen unes vistes impressionants del Roine amb el Mont Ventoux al fons. Quan Petrarca realitzà l’ascensió al cim no podia imaginar la repercussió que això tendria, ja que la revelació que experimentà va ser la llavor que originà l’Humanisme, el Renaixement, i la idea del que actualment entenem per paisatge. Imaginam el que els seus ulls contemplaren: als seus peus, els niguls; davant, el Roine; a l’Est, els Alps italians; a l’Oest, les muntanyes de Lió. Obrim el llibre i llegim…

Text: Maria Àngels Moyà

L’experiència del viatge

Miércoles, Agosto 13th, 2014

Qualsevol època és bona per viatjar. Així i tot, la gran majoria acostuma a aprofitar l’estiu per realitzar els seus desplaçaments lúdics més llargs i deixa per altres períodes de l’any el que actualment es denominen “escapades”. Referint-se als anglesos, Julio Camba escrivia: El inglés compra un billete en la agencia Cook, en donde está establecido al minuto el empleo del tiempo que va a durar el viaje. Día tanto, tal país. A las ocho de la mañana, desayuno. A las nueve, excursión al museo(…). A las dos, excursión a las ruinas de al lado. Admiración de las ruinas durante tres horas. A las cinco, el té…* Aquestes paraules de finals de 1910 semblen una premonició del que arribarien a ser els viatges que organitzen les agències actuals.
Per a tots aquells que encara són capaços de sentir-se més viatgers que turistes, voldria recomanar la lectura d’una sèrie de llibres molt diferents l’un de l’altre, però que tenen com a tema comú l’experiència del viatge.

Sense deixar l’escenari londinenc, trobam la Guía literaria de Londres. Un llibre deliciós que no només et desperta les ganes de visitar la ciutat, sinó que, a mesura que vas llegint, desitjaries que no s’acabàs mai. El definiria com una miscel·lània on tant hi podem trobar fragments de novel·les, articles periodístics, cartes, com extractes de dietaris, anuncis per paraules o discursos polítics. Els autors seleccionats s’ordenen cronològicament des de l’època de fundació de la ciutat, fins a l’actualitat.

Patrick Leigh Fermor (Paddy) va trobar en el viatge no només la manera de guanyar-se la vida, sinó també el sentit de la vida mateixa. La seva trilogia: El tiempo de los regalos, Entre los bosques y el agua y El último tramo (aquest darrer volum publicat pòstumament), està basada en els dietaris que va escriure durant un viatge iniciàtic que va emprendre quan tan sols tenia devuit anys. La idea era carregar amb una motxilla per travessar caminant i amb un presupost mínim la distància que separava Holanda d’Istambul. L’època (1933) ens permet ser testimonis directes dels canvis que sofria Europa en aquell moment i que desembocaren en la Segona Guerra Mundial. Després de llegir l’obra de Paddy, tenim la certesa de què el més important del viatge, el que més ens ensenya, el que ens canvia, no és l’arribada al lloc elegit, sinó el camí que recorrem per arribar-hi.

Finalment, El sentido del viaje, de Patricia Almarcegui intenta analitzar les raons que han mogut l’ésser humà a emprendre el camí cap a tot allò que desconeix, quins són els elements comuns dels viatges, com es pot viure el viatge abans, durant i després de realitzar-lo, la relació viatge-literatura, el viatge com a camí i com a destí… En definitiva: què ha significat el viatge al llarg de la història? La bibliografia utilitzada és original perquè és poc coneguda i l’assaig –encara que ella afirmi que no és exhaustiu– resulta dens, ja que cada pàgina recull gran quantitat de conceptes.

No em cansaria mai de llegir i d’escriure sobre viatges i viatgers, de la mateixa manera que no em costaria gens convertir l’experiència del viatge en el sentit de la meva vida; perquè tal com remarca Jacinto Antón: “Hi ha viatges en els quals hi podem romandre tota la vida”.
. . .
*JULIO CAMBA, Londres. Editorial Reino de Cordelia, Madrid 2012.
VVAA, Guía literaria de Londres. Editorial Ático de Libros, Barcelona 2012.
PATRICK LEIGH FERMOR, El tiempo de los regalos/Entre los bosques y el agua. RBA Editores, Barcelona 2011.
PATRICK LEIGH FERMOR, El último tramo. RBA Editores, Barcelona 2014.
PATRICIA ALMARCEGUI, El sentido del viaje. Junta de Castilla y León, Valladolid 2013.
. . .
Text: Maria Àngels Moyà

Cartografies (VI)

Martes, Mayo 6th, 2014

Els cartògrafs haurien de reivindicar el seu ofici com un vertader art poètic i els atles com un gènere literari de bellesa màxima.

Primer itinerari: Viatjar a illes llunyanes, inhòspites, deshabitades, on no hi arriben els vols comercials ni figuren a les rutes marítimes convencionals, on la climatologia i les condicions del terreny són obstacles a vèncer i on, malgrat tot, algú hi posà el peu temps enrere, jugant-s’hi la vida, amb l’únic objectiu de cartografiar el lloc i porsar-li un nom (perquè donar nom a un indret desconegut i dibuixar-lo sobre un mapa li dona entitat real, el fa existir).

Tan sols quan un teritori és minuciosament estudiat, catalogat i midat, pot considerar-se que existeix en realitat.

Segon itinerari: Recrear tots aquests viatges des de la sala d’una biblioteca, consultant llibres d’història, atles, dietaris d’exploradors, quaderns de bitàcola, cartes nàutiques. Posar-se dins la pell d’aquells que sortiren a l’oceà tocats per la curiositat i la incertesa i viure el seu periple sense necessitat de pujar a un vaixell.

L’experiència estètica de recórrer un mapa amb ulls i dits pot, a vegades, reemplaçar el viatge real.

Tercer itinerari: Llegir. Llegir i viatjar sense moure’s de casa a una cinquantena d’illes de tots els oceans que molt poca gent ha tengut la sort o la desgràcia de visitar: “Soledat”, “Santa Kilda”, “Napuka”, “Banaba”, “Clipperton”, “Howland”,… Aquesta és la invitació que ens fa Judith Schalansky a Atlas de las islas remotas (Nórdica libros, Barcelona 2013).

La segona de les nostres propostes literàries no és tan poètica ni necessita de les dosis d’imaginació que precisa l’anterior, però és igualment interessant. Es tracta de l’obra de Simon Garfield, En el mapa, que fa pocs mesos ha publicat l’Editorial Taurus.
El llibre és un compendi de la història de la cartografia des del mapa més antic (14.000 ac), fins als més actuals (aplicacions de Google maps, els mapes del cervell, o el generat a partir de les relacions de Facebook). Hi abunden les il·lustracions i les fotografies. Les seves pàgines estan plenes d’anècdotes curioses i divertides. Cada capítol està dedicat a un tema determinat, el qual s’analitza respectant la cronologia.
A més dels mapes i atles que han marcat la història de la cartografia, hi podem trobar mapes adscrits dins siluetes d’animals, les imaginàries muntanyes de Kong, les invencions d’alguns navegants a fi d’aconseguir notorietat, els mapes de tresors, cartografies de la pobresa i les epidèmies del Londres victorià, guies de viatge, mapes de metro, els mapes de Mart, distints exemples de mapes artístics i literaris, i algunes pàgines web on podem trobar qualsevol cosa que volguem sobre el tema.
Els mapes sempre han representat el misteri i la posibilitat del descobriment. Ens conten històries i reflexen el progrés de la humanitat. Ara tenim dues magnífiques oportunitats d’acostar-nos-hi i gaudir de la llibertat de perdren’s, sense mouren’s de casa, per qualsevol racó del món.
. . .
Text: Maria Àngels Moyà